Hace poco, la editorial Marvel lanzó una de sus oleadas anuales de nuevos títulos y nuevas etapas para títulos establecidos. Una de ellas, Mockingbird, o Pájaro Burlón en España, fue puesta en manos de la novelista Chelsea Cain y la dibujante Kate Niemczik. En la portada de su octavo y al parecer último episodio (debido a las malas ventas en un mercado tremendamente competitivo), la protagonista, Bobbi Morse, agente de SHIELD, aparecía de esta guisa…

Preguntad, preguntad

…lo cual ha causado la indignación de muchos internautas que, al parecer, no toleran ningún tipo de progresismo social en este medio, o no lo comprenden, o… quizá ambas cosas. Decía la autora, en uno de sus últimos comentarios en Twitter antes de abandonar la red social, que hasta que no empezó a hacer cómics nunca había sido insultada o amenazada en redes sociales. Michael Bendis, uno de los nombres más relevantes de Marvel desde hace década y media, y co-creador de personajes como la actualmente televisiva Jessica Jones, el arácnido Miles Morales o Riri Williams, también conocida como la nueva Iron Man Iron Heart, le respondió alegando que no son los cómics, a lo que Cain respondió que sí lo son, y que ya hablarían sobre el tema en persona. Dado que la autora eliminó su cuenta en la red social, podéis ver capturas de pantalla de la conversación y algunos detalles más sobre este asunto haciendo click aquí. Por mi parte, y puestos a matizar… Bendis tiene su parte de razón. No son los cómics por sí mismos. Son las personitas que, en muchos casos, dicen ser fans de los mismos, pero que presumen de no leerlos porque actualmente son sucios panfletos que promueven la diversidad de cualquier tipo. Algo deleznable, a su parecer: que haya diversidad tanto tras las páginas como dentro de las mismas.

De elementos así están plagadas las redes sociales

Si no entendéis inglés y os da pereza usar el traductor Google (VAGAS Y GANDULES QUE SOIS), os los resumo y traduzco libremente:

“BUAAAA, MALDITAS EDITORIALES DE CÓMICS, AHORA SOLO HAY UN 90% DE PUBLICACIONES PROTAGONIZADAS POR VARONES BLANCOS HETEROSEXUALES, BUAAAA, ES UN PORCENTAJE MUY BAJOOOO, SI NO ME REPRESENTAN EN TODAS PARTES ES PORQUE ME ODIAAAAN, BUAAAAA, EL FEMINISMO Y LA DIVERSIDAD RACIAL Y SEXUAL ME OPRIMEEEEEN”

Sí, en serio. Esta gente piensa así. Son gente que está en contra de cosas como que la armadura de Iron Man la vaya a portar durante un tiempo una adolescente afroamericana, que la heroína de moda sea una chica pakistaní elástica, o que haya series protagonizadas por supergrupos íntegramente femeninos, con sus úteros y sus estrógenos y todo eso. Al parecer, les es muy fácil identificarse con un dios nórdico cuando leen un tebeo, pero que Crom nos asista si dicho dios pasa a ser una diosa, porque se ve que la vagina es para estos individuos una frontera que me recuerda a la que quiere Donald Trump entre México y USA: un constructo basado en prejuicios, falacias, y absoluto desconocimiento de aquello que quieren eliminar del mercado. Porque que me aspen si esta gente ha leído uno solo de los tebeos que critican. Estamos ante personas que se sienten ofendidas porque una superheroína, que además está escrita por una mujer, se empodere y use y vista abiertamente la palabra feminismo. Vaya eh, una mujer de ficción quiere que se la trate como a un ser humano siendo a la vez irónica al respecto. No está lanzando un mensaje de odio hacia ningún colectivo, sino reivindicando aquel al que pertenece, que de hecho necesita y merece dicha reivindicación. Si esta gente no acepta eso en obras de ficción sobre gente en pijama con superpoderes y biografías continuamente cambiantes, ¿cómo puñetas van a aceptarlo en la realidad?

Pedazo de #$$* anacronista” como nueva epítome de lo soez

Por cierto, sobre el cómic en sí: estupendo. Al menos eso es lo que me ha parecido. Si tuviera que establecer una comparativa, sería con el trabajo de Nick Spencer en Los Enemigos Superiores de Spider-Man, una comedia sobre los villanos más casposos del trepamuros. El episodio #8 de Mockingbird es una lectura plagada de humor fino, buena narrativa gráfica gracias al simpaticón pero elegante dibujo de Kate Niemczik, y más de uno y de dos diálogos totalmente hilarantes. Además, dentro de que es el octavo y último episodio de una serie, y que encima es un pseudo-crossover con Civil War II (igual un día de estos hago de tripas corazón y os hablo de ese tebeo), pues es bastante autocontenido, lo suficiente como para disfrutar de lo que plantea sin conocer un carajo de la serie, más allá de que la prota es una superespía del copón. Por si fuera poco, hace que apetezca leer los episodios anteriores. Y muestra corgis-sirena. Compra obligatoria, gente.

Como último apunte, debo añadir que lo que más me entristece de este asunto es precisamente el haber descubierto este tebeo bajo estas circunstancias… y el estar totalmente seguro de que nunca le habría dado la oportunidad de no ser por ello.

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