¿Cuánto tiempo, eh? Tras unos meses sabáticos, he decidido retomar mi actividad en este blog, por eso de no matar y enterrar mi costumbre de escribir. Como excusa para crear algún tipo de “sección”, he decidido empezar a publicar periódicamente entradas en las que defienda, siempre en base a mi criterio y conocimientos personales, algunas películas a las que considero o bien incomprendidas, o que son vistas como mediocres o malas por la mayoría de gente que me he cruzado tanto en la vida real como en redes sociales y publicaciones varias. Y creedme, tengo un cajón lleno de ese tipo de películas. Mayormente compuesto por secuelas, remakes y adaptaciones o refritos de material procedente de otros medios, porque, seamos honestos, si has nacido en los últimos treinta años, has nacido en “esa” época de Hollywood.

Pero un servidor está a favor tanto de la reinterpretación de cualquier obra como de su serialización, así que no creáis que voy a dar excesiva importancia a la “secuelitis” o la fatiga de remakes o determinados subgéneros. No tengo nada contra ese tipo de películas. Y tampoco creáis que pienso imponeros la idea de que estáis ante peliculones que sólo yo, sobre todos los mortales, puedo entender. Para nada. Mi intención es explicar por qué pienso lo que pienso sobre ciertas cintas a las que veo continuamente recibir palos y, mientras por el camino os aporte algo que os entretenga de alguna forma, pues eso que nos llevamos.

Y ya que me pilla relativamente cerca, que quien me conoce sabe que tengo predilección por la saga jurásica, y que hay que aprovechar lo de Dinovember, la película con la que estrenaré esta sección va a ser Jurassic World. Y es que, sin haber sido considerada ni de lejos un fracaso artístico por la mayoría de la crítica especializada, no faltaron las voces de diferentes direcciones que la criticaron duramente por algunas de las decisiones tomadas a la hora de plasmar en pantalla muchas ideas y escenas de la cuarta entrega de la saga iniciada en 1993 por Jurassic Park.

Contexto

Jurassic World fue estrenada catorce años después de Jurassic Park III, tras cientos de vaivenes creativos. El golpe que supuso la muerte en 2008 de Michael Crichton, autor de la duología de novelas Jurassic Park y El Mundo Perdido: Jurassic Park, ambas adaptadas al cine por Steven Spielberg en 1993 y 1997 respectivamente, dejó el proyecto al fondo de la nevera durante casi tres años, tras haber pasado desde 2001 intentando salir adelante sin éxito.
Finalmente, el proyecto fue reenfocado en 2012 por Rick Jaffa y Amanda Silver, escribas de la exitosa El Origen del Planeta de los Simios, y salió adelante con la dirección de Colin Trevorrow, quien previamente sólo había dirigido un largometraje, la comedia indie de ciencia ficción Seguridad No Garantizada (la cual, por cierto, me mola bastante).
Jurassic World fue el gran estreno del verano de 2015, colocándose como una de las películas más taquilleras de la historia, y ostentando (hasta el estreno ese mismo año de El Despertar de la Fuerza) el récord de recaudación en el primer fin de semana en taquilla que ostentaba desde 2012 Los Vengadores, con medio billón de dólares a nivel mundial en cosa de tres días.

La película consiguió a su vez una nota media de 59 en Metacritic y un porcentaje de 72% de críticas positivas y nota media de 6’7 en Rotten Tomatoes, es decir, en la línea de otras películas similares como King Kong (2005), Pacific Rim (2013), Godzilla (2014 –THE BORING ONE!-) o la reciente Kong: La Isla Calavera. Muy por encima de Jurassic Park III y siendo un poco mejor recibida que El Mundo Perdido: Jurassic Park, curiosamente Jurassic World recibió críticas aún más duras que las dos películas anteriores por parte de mucha gente, tanto entre el público general como entre los críticos especializados que más la vapulearon. Y, a ver, no es que a mí me parezca ni mucho menos una película perfecta, y tengo ciertos problemas con ella. Algunos incluso vienen a ser versiones matizadas y, en cierto modo, algo suavizadas de lo que decían las críticas más agresivas que recibió. Así que, sin más preámbulos, entremos en materia.

Tacones cercanos

Empecemos por lo más obvio, la queja más facilona, poco elaborada y superficial que ha habido al respecto de Jurassic World: la heroína de la película se pasa la película con unos zapatos de tacón puestos. Corre por la jungla con ellos puestos. Y por asfalto. Conduce con ellos. Libera y guía a una Tyrannosaurus con ellos puestos. Y bueno, a ver cómo os lo explico: Bryce Dallas Howard, la actriz que da vida al personaje de Claire Dearing, corrió de verdad con ellos puestos, en suelos reales de las junglas de Hawaii. Sin pantalla azul. Corrió de verdad con ellos para rodar la película, y cada vez que la veis correr por la jungla, esa persona está corriendo de verdad en una jungla de verdad y con tacones de verdad, habiendo escogido la actriz misma ese rasgo para el personaje. Muchas de las personas que critican esto claman que no es realista, así que bien, hablemos de realismo. ¿Cuál de estas dos cosas se puede ver en la realidad? ¿De cuál de las dos podéis encontrar docenas de vídeos en Youtube?

  • a) Mujeres corriendo con tacones e incluso haciendo carreras y maratones con ellos puestos.
  • b) Parques temáticos en los que se llevan clonando dinosaurios desde 1993.

¿Queda más o menos claro por dónde voy?

Maticemos. Claire es la mánager de operaciones del complejo turístico Jurassic World. Su trabajo no es bajar a los recintos de los dinosaurios a darles de comer, es supervisar el parque desde arriba: vender las nuevas atracciones a los accionistas, dar la tabarra a los empleados de la sala de control, gestionar porcentajes y estadísticas. Lo que viene siendo un trabajo más afín al que se desarrolla en oficinas y salas de juntas que al que se podría hacer en un zoológico. Y, por desgracia, el caos en el parque y los hijos de su hermana poniéndose en peligro la pillan con su relativamente poco práctico uniforme de trabajo puesto. No tiene otro, y no hay tiempo físico para buscar un calzado apropiado. Ella ni siquiera espera que la situación se vaya a descontrolar al nivel que lo acaba haciendo. Por no mencionar que sus zapatos implican cierta metáfora sobre el personaje y cómo trata de mantenerse fiel a sí misma, como en su día representó el sombrero para Alan Grant en Jurassic Park, y que nos lleva a otra de las críticas más habituales hacia Claire: su supuesto paso de reina de hielo a supermamá, en aparente homenaje al arco argumental que tuvo en su día Alan.

Grant perdía su tan icónico sombrero tratando de salvar a Tim y Lex de la Tyrannosaurus en Jurassic Park. Esto servía como metáfora visual del comienzo de su viaje personal: el científico gruñón con los niños y cuya pasión se centraba solo en los dinosaurios, pasaba poco a poco a temer a los dinosaurios, eso que tanto creía controlar, y hacerse amigo de los pequeñajos. El sombrero representaba su actitud previa al desarrollo de la aventura, y su pérdida simboliza el progreso de su arco argumental durante esa escena. Pues en Claire se puede observar algo similar: su ropa -a la par que el propio parque-, símbolo de su actitud corporativista, poco a poco va luciendo peor conforme avanza la cinta. Cada vez más rota y desgastada. Pero su calzado, que de hecho es lo primero que vemos de ella en la película, permanece, cuando habitualmente ella se habría deshecho de sus zapatos a la primera de cambio.

Y curiosamente en ningún momento parece acabar de llevarse del todo bien con los críos a los que se supone que debe cuidar por imposición ajena (y tampoco es que ellos hagan méritos). Las interacciones que tiene con ellos siguen siendo algo incómodas y distantes, y parecen más interesados en el aparente héroe de acción de la película, de quien hablaremos más tarde, que en ella.
En última instancia, el viaje personal de Claire acaba resultando en afrontar un chaparrón tremendo de sus vidas laboral y familiar, durante el que debe decidir a qué principios personales aferrarse y qué facetas de su vida es más importante cambiar; si hacerse cargo de los animales y personas que están realmente bajo su responsabilidad… o hacer caso a Karen, su hermana mayor. La buena de Karen trata de ocultar a sus hijos que se está divorciando (cosa que de hecho acaba lastrando el metraje dedicado a ellos), mientras se los encasqueta a su hermana en el peor momento posible con la excusa de “es que es la familia, ya lo entenderás”. Con esto, Jurassic World no busca reflejar los valores positivos de abandonar tu vida laboral para ser mamá: irónicamente, quien tiene que aprender a ser mejor mamá es Karen, por echar en cara a Claire su totalmente correcto desinterés por la maternidad. Cosa por la que de hecho pide disculpas al final de la película.

Tampoco es casualidad que parte de la catástrofe se deba a que Claire se aparta de su puesto de trabajo para tratar de salvar a sus sobrinos, y que los chavales no sólo se “autorrescaten”, sino que encima parezcan negarse a concederle mérito por absolutamente ninguna de las cosas formalmente guays que hace ella en la película. Porque su historia personal va de que sus sobrinos, los porcentajes e inversiones y en general las imposiciones que la desvían de sus principios y responsabilidades no son la prioridad que debe atender.

Lo que parece ser en principio un refrito de Alan Grant y su arco argumental como amigo de los niños que por el camino aprende a temer a los dinosaurios, aquí se subvierte: estamos ante un personaje que debe aceptar que no pasa nada por no tener interés en la vida familiar que se le impone de forma externa, mientras aprende a aceptar su responsabilidad para con los animales del parque. Claire no tiene ninguna gran escena emocional con los chavales; la tiene con un dinosaurio agónico que le recuerda sus prioridades, mientras lo único que le recuerdan los críos es que quien “mola” es Owen Machote Grady… quien en última instancia acaba por no ser el héroe que vendió la campaña promocional de la película.

Cuando Karen le echa en cara no tener interés en la maternidad, no estamos ante alguien que pretenda actuar de brújula moral; estamos ante algo que distrae, y por desgracia innecesariamente, a Claire, a la trama y al propio espectador de la verdadera misión de la protagonista: cuidar de Jurassic World y sus habitantes, tanto animales como humanos. Y en última instancia, que Claire decida dejarse los tacones puestos no es sólo una cuestión de estética o comodidad: es la forma que tiene la película de decir que por mucho que la protagonista pueda cambiar en algunos aspectos, hay otros que en los que no tiene por qué hacerlo. Y toda esta ironía, por desgracia, da pie a una muy justificada malinterpretación. Ahora, ¿sabéis qué no está justificado? El beso, joder. El p**o beso.

¿…es una relación?

Hablemos de Owen Grady. El personaje de Chris Pratt en la película viene a ser un mix entre Han Solo y César Millán, un tipo duro con dejes graciosetes, algo engreído, y apasionado y protector para con los animales que tiene al cargo. Un arquetipo de héroe que, tras pasar años apareciendo en la mayoría de borradores del proyecto Jurassic Park 4, acabó incorporándose a la franquicia jurásica con una muy mala costumbre bajo el brazo: actuar como un garrulo total ante Claire. Un garrulo de los que, si eres mujer, no desaprovechan la ocasión para tirarte la caña, a la vez que te menosprecia por cosas como tu calzado o por los errores –reales o no– que cometas a la hora de enfocar tu vida. De los que, pese a ser en términos formales lo que viene a ser un guaperas de manual, ninguna mujer querría aguantar durante más de quince minutos. Grosero, engreído, machote… lo tiene todo. Y como dice Claire refiriéndose a él al principio de la película, “se cree el más listo”. Porque ella le conoce, vaya que si le conoce. La primera vez que ambos personajes coinciden en pantalla se establece que llegaron a tener una cita juntos, que por lo que se da a entender, salió entre mal y fatal. El topicazo de la mujer amanerada y el rudo hombre de acción que trata de seducirla viene de largo en las películas de aventuras, y no por nada Colin Trevorrow llegó a comentar que se inspiró en La Reina de África para este aspecto de la película. Sin embargo, esto en cierto modo es sólo una superficie sobre la que empiezan los personajes.

Claire y Owen cuando están juntos son un continuo eco de Indy y Willie, de Han y Leia. Ya hemos visto que a esta película le gusta subvertir e ironizar, y en este caso, la ironía del asunto es que Owen acaba no solo no teniendo razón en nada de lo que dice sobre Claire: él, en contra de lo que mostró la campaña promocional de Jurassic World, ni siquiera acaba siendo el héroe de la película. Es él quien es salvado de morir varias veces por quien todo el mundo esperaría que fuera una damisela en apuros. Al comenzar la película, Owen y Claire no se llevan bien precisamente por haber intentado tener algo juntos, y al acabar, tras haber vivido una experiencia bastante loca en general, ambos han cambiado de actitud. Ni siquiera hay un beso final, ni tampoco acaban la película abrazados o cogidos de la mano: caminan juntos, uno al lado del otro, mientras la cámara se aleja de ellos. Ambos han perdido sus trabajos, sufrido una experiencia traumática, y visto en general agitadas sus vidas, con lo que la propuesta de Owen de mantenerse juntos, “…para sobrevivir” no parece descabellada en contexto. El principal problema que veo en todo esto es que, tras haber convertido el típico romance en lo que podría ser una buena amistad tras un comienzo problemático, Jurassic World se pega un tiro en el pie en este sentido a mitad de película, por el que podría ser el peor beso en pantalla que se pudo ver en 2015.

Durante el ataque de los bichejos voladores a la calle principal del parque, un dimorphodon se lanza contra Owen. Claire lo ve y no duda en usar uno de los rifles del personal de seguridad para neutralizar al animal. Esto contrasta genial con una escena previa en la que Owen, haciéndose el duro, “salva” a Claire de otro bichejo volador… una terrible mosca. De nuevo, ironía combinada con foreshadowing. El problema es que, acto seguido, Owen besa en los morros a Claire, ante la sorpresa de ella. Si nos remitimos a la raíz de la escena, fue improvisada durante el rodaje de cara a aportar ligereza a toda la secuencia de los pterosaurios, y con la intención de invertir el tópico de la damisela agradeciendo el ser salvada con un apasionado beso a su bienhechor. En otro contexto, esto podría funcionar. Pero lo que acaba aportando es una contradicción para con el camino que en apariencia llevan tanto la relación entre ambos personajes (pasar de “pareja que no funcionó” a “amigos y compañeros de aventura”) a lo largo de la película, y para el viaje argumental de Claire.

Tristemente, el puñetero beso añade un matiz de normatividad a la cinta que acaba resultando contraproducente para la narrativa de la misma, dada la intención subversiva que tiene el resto del tiempo. O lo que es lo mismo, estamos ante una piedra que la propia película se pone en el camino. Y lo más frustrante es que sería fácilmente intercambiable por algo como un apretón de manos, un agradecimiento incómodo y un diálogo cómico. Serviría el mismo propósito de forma mucho más eficiente, y más importante aún: no volvería confuso algo tan aparentemente simple como un viaje del romance cutre a la amistad en medio de la adversidad.

Pero Juanan, ¿no ibas a defender Jurassic World?” Pues claro, como que aún os queda texto por leer. A lo que voy con todo esto, es a que es loable tratar de invertir los clichés de género usando una superficie formalmente manida, pero lo del beso, aún con todos los matices que hay en su contexto y cómo invierte los roles de quienes se besan, me parece indefendible: daña un aspecto relevante de la película -el progreso en la relación de dos de sus protagonistas -hasta tal punto que mucha gente, justificadamente, lo considera un romance hollywoodiense estándar, y de los tóxicos. Y si una película transmite lo contrario de lo que pretende, ya no hablamos de una disonancia irónica, hablamos de un problema narrativo que es inevitable señalar. Puedo defender lo que la película trata de contar, pero no puedo hacerlo sin señalar la principal razón por la que para muchísima gente falla en ello en este caso, como también falla para mi. Sería absurdo por mi parte. Tan absurdo, por cierto… como el plan de Vic Hoskins.

El recluta patoso y los comandos cretácicos

Adoro a Vic Hoskins. Soy más que consciente de que a la gran mayoría os parece una mierda de villano. Que no tiene personalidad o trasfondo alguno y que su plan es absurdo. Acerca de lo primero igual habría que matizar una par de detalles sutiles pero ineludibles que hay al respecto del villano de Jurassic World. Acerca de lo segundo, creo que quejarse de que el plan del villano sea absurdo cuando en la propia película los personajes hablan de cómo de absurdo es dicho plan me parece, bueno… un poco absurdo, si se me permite redundar.

De Hoskins en principio se nos da una caracterización muy básica. No deja de hablar de los viejos valores de la guerra y de cómo esta debe evolucionar. Nada de caracterización aparentemente, más allá de una actitud despótica e hipócrita hacia la naturaleza con la que juega y unas formas bastante condescendientes para con las personas que le rodean, aparte de las obvias ganas de dinero y gloria que parece tener como objetivo final de sus ideas absurdas. Todo esto son cosas quizá provenientes de la interpretación del bueno de Vincent D’Onofrio (actorazo al que no se le concede nunca suficiente mérito), más que del propio guión. Pero se pueden leer entre líneas algunos rasgos más de su personalidad y vida previa a los eventos narrados en Jurassic World a poco que leamos entre líneas.

Ubiquémonos: en la escena en la que es introducido junto al resto de cuidadores de velociraptores, Barry, el personaje de Omar Sy, pregunta a Hoskins qué pasaría si en una operación militar en la que intervinieran dichos animales, estos decidieran tomar el control. Hoskins le contesta que lo mejor sería hacer crianza selectiva y preservar únicamente los linajes leales, comentario ante el que Barry no puede evitar reírse con sorna mientras se aleja, abandonando la conversación. Hoskins, un tipo blanco y de moral retrógrada, hablando de “acabar con los linajes rebeldes” de un conjunto de seres vivos de los cuales se autoproclama dueño. Ante Barry, un hombre negro. No sé vosotros, pero para mí, esto planta automáticamente un letrero luminoso de “RACISTA INTERIORIZADO” sobre este tipo.

Y aún hay más. Posteriormente, hay otra escena entre Barry y Hoskins, en la que este último cuenta una anécdota sobre un lobezno que adoptó años antes, el cual saltó a defenderle de su mujer, quien se había abalanzado contra él cuchillo en mano. Sin pretensión alguna de generalizar, lo normal cuando una mujer se abalanza sobre su pareja es que esto sea en defensa propia ante una agresión. Quizá estos detalles pasen inadvertidos, pero están ahí, y cuentan como caracterización del personaje. Son pistas sobre su trasfondo y personalidad que complementan a lo que se le ve directamente en pantalla, y que sus diálogos dejan caer en un par de ocasiones, haciéndolo encajar en un perfil algo más elaborado y siniestro de lo que cabría pensar ante un tipo que fantasea con haber usado dinosaurios en Tora Bora.

En Jurassic World se establece que los velociraptores obedecen algún comando básico de Owen, pero no sin alguna disputa ocasional. Y cuando hablamos de “disputa ocasional”, hablamos de estar al borde de ser descuartizado, aún siendo él la “mamá” del grupo gracias a que tienen su impronta. Los raptores no están listos para usar en pruebas de campo, y mucho menos en combate, cosa que el idiota de nuestro villano se empeña en poner en práctica en cuanto el destino (¿…o más bien el caos?) le brinda la ocasión con resultados obviamente desastrosos, cosa de la cual se le ha avisado varias veces, y por ende, al espectador. Ahora, no sé si sabéis que el mundo real también es muy absurdo en lo referente a las carreras armamentísticas, con o sin animales de por medio. Veamos…

    • Perros antitanque.
    • Un barco gigante hecho de hielo.
    • Delfines y leones marinos especializados en sabotaje y recuperación de materiales.
    • Una bomba gay.
    • Trineos propulsados con cohetes.
    • Murciélagos equipados con bombas incendiarias.
    • Un espejo de Arqúimedes orbital.
    • Tiburones espía controlados por control remoto.

Todas estas ideas se han intentado poner en práctica en la realidad por parte de algún ejército. Todas majaderías dignas de la mayor desproporción posible entre poder monetario y neuronas. Y por supuesto ninguna salió adelante -o eso quiero pensar-, de la misma forma que el escuadrón de raptores de combate de Hoskins acaba resultando en desastre. Sí, su plan es absurdísimo y está más verde que Hulk cortando el césped durante San Patricio, pero es un absurdo nada ajeno a la realidad en la que vivimos, y menos aún a una realidad en la que existe una empresa que lleva desde finales de los 80 clonando dinosaurios. Muchas ideas así salen adelante porque quienes tienen el poder de llevarlas adelante son una panda de irresponsables que lo hacen simplemente por ver si pueden, y si con ello sacan tajada. Cosa que según dijo el bueno de Ian Malcolm hace tiempo, es de por sí el origen de todo Jurassic Park y parte de la metatrama y subtexto de la propia Jurassic World: “…les preocupaba tanto si podían o no hacerlo que no se pararon a pensar si debían”.

Y hablando de esta cita… bien podrían habérsela aplicado los responsables de la película, dadas las reacciones negativas de multitud de personas ante una de las escenas más controvertidas del film: la muerte de Zara Young.

Almuerzo británico

Algo que hace que me gusten las películas de dinosaurios es porque (voluntaria o involuntariamente) establecen una metáfora sobre la naturaleza dando lecciones de humildad a la humanidad. Normalmente es por su gran tamaño y fuerza, o por lo antiguos que son y la cantidad de tiempo que pasaron dominando la Tierra. Otras veces, el séptimo arte recurre a la algo más impactante imagen de una bestia gargantuesca devorando a una persona indefensa como si fuera un canapé. A veces, los animales prehistóricos se comen al villano de la película. Otras veces, a algún héroe que da su vida para que otro personaje pueda sobrevivir. Y en ocasiones, se comen a Katie McGrath.

Durante los disturbios que causa la I.rex, una bandada de pterosaurios escapa de su recinto y asalta la calle principal del parque, atestada de turistas. Entre la marabunta de gente está el personaje de McGrath, llamado Zara Young. Ella es la asistente de Claire y encargada de cuidar a los sobrinos de esta durante su accidentada visita al parque. Pues, tratando de conducir a los chavales a un lugar seguro en medio del caos, uno de los pterosaurios se la lleva volando, y tras varios vaivenes en el aire (estoy evitando desesperadamente usar el verbo zarandear), acaba en la laguna en la que se exhibe al gigantesco mosasaurio, donde es devorada por este junto a un pterosaurio que intentaba llevársela del agua, ante la atónita mirada de Zach y Gray. Las reacciones negativas a esta secuencia fueron muchas. Había quien decía que la película intentaba castigar a Zara por no haber cuidado de los chavales como la buena niñera que debería ser -en la línea de la confusión sobre el tema de Claire, su hermana y la maternidad-, o que el personaje no “merecía” semejante muerte, como también se comentó mucho también que era una escena fuera de tono dentro de la propia película y excesivamente gratuita. Y tengo bastante que discrepar sobre esas afirmaciones.

Un argumento recurrente es que la de Zara es el tipo de muerte que debería haber tenido el villano de la cinta. Es algo válido si entramos en lo que satisface a cada persona de forma individual a nivel narrativo, pero no hay que olvidar algo: un mosasaurio y un grupo de pterosaurios no van a elegir quién merece morir y quién no. La escena busca incomodar precisamente porque Zara no merece morir. En palabras del propio Colin Trevorrow, “una muerte inmerecida es la definición del terror”, y partiendo de que eso es lo que pretende transmitir, podemos decir que es efectiva de narices. Incomodó, impresionó, asqueó y asustó porque alguien pasaba de ser una persona a un simple trozo de carne por el que se pelean varios animales. Tal y como dice Henry Wu minutos antes: “Monstruo es un término relativo: para un canario, un gato es un monstruo”. La muerte de Zara no busca un doble sentido sobre el castigo que merecen las mujeres incapaces de cuidar a unos críos que, por otra parte, tampoco es que pongan mucho de su parte. Y sí, es injusta. Recurrir a lo vistoso y/o enrevesado es una forma tan válida como cualquier otra de hacer que la muerte de un personaje de fondo que apenas ha tenido tres frases impacte mínimamente, a la vez que se eleva la sensación de vulnerabilidad ante el peligro de la escena en cuestión y se aprovechan el escenario y las criaturas que hay en juego. No olvidemos que estamos en la cuarta entrega de una saga que tiene como uno de sus platos principales las muertes violentas a manos de reptiles prehistóricos, y el karma no es algo que las haya guiado anteriormente.

Muchos personajes a lo largo de las cuatro películas de esta saga han muerto de formas horribles sin realmente llegar a merecerlo. No solo el villano de la película recibe un castigo por sus actos: en estas historias hay muchos momentos muy afines a una de las normas habituales del cine de terror: hacer sufrir a los inocentes. Y el precedente de la escena lo podemos encontrar en El Mundo Perdido: Jurassic Park.

La caravana que utilizan los protagonistas de la segunda entrega de la saga se halla colgando de un acantilado, y Eddie Carr (Richard Schiff), un técnico que acompaña a Malcolm y compañía, trata de ayudar a subir a sus compañeros tirando del vehículo hacia el suelo firme con su coche. Entonces aparecen los dos tiranosaurios que minutos antes habían dejado en ese estado la caravana. Destrozan el techo del coche, y Eddie trata de usar su rifle, pero el arma se ha atascado entre los desperfectos. Uno de los animales lo saca de un mordisco en la pierna, lo lanza por los aires a varios metros de altura, lo agarra con la boca a la vez que su compañero, y de un tirón, lo parten en dos y lo devoran. Y él estaba allí para ayudar a unos ecologistas a defender a esos mismos animales. Vaya tela, Eddie. Qué mala pata.

Cuando hablamos de Eddie y Zara, hablamos de dos personajes secundarios que en cierto modo solo pasaban por allí, y que mueren por culpa de la ineptitud de los personajes protagonistas, ya sea por las pocas luces de unos activistas que no piensan en las consecuencias, o por culpa de unos críos que no saben estarse quietos. Sin embargo, hay algunos matices interesantes a tener en cuenta. En El Mundo Perdido: Jurassic Park, nadie salvo el espectador ve morir a Eddie, tras lo cual apenas hay una mención al respecto, y la película aparentemente se olvida del personaje, pese a haber salvado tres vidas (cuatro contando con que Kelly Malcolm se libra de estar en la caravana gracias a uno de sus trastos). En contraste, los en gran parte causantes de la muerte de Zara la ven morir con sus propios ojos en una escena muy reminiscente de la anterior vez que los chavales han visto al enorme reptil: el animal en ambos casos es mostrado emergiendo del agua, para pasar en el siguiente plano a mostrar la reacción de los chavales ante lo que acaban de ver.

Parte de que la escena de Jurassic World resulte más llamativa es el hecho de que sucede a plena luz del día y sin lluvia que maquille los efectos, amén de (y esto es espinoso) ser la primera muerte en pantalla de una mujer en toda la saga, con el aliciente de ser parte de una película que ya de por sí tiene unas políticas de género algo confusas. Y con todo, lo último que vemos de Zara es a ella desapareciendo junto a un pteranodon en las fauces del mosasaurio, mientras que a Eddie, pese al maquillaje de noche y lluvia que inunda la escena de su muerte, lo vemos siendo partido en dos en pantalla. Su muerte busca un valor de shock más relacionado con el drama directo de su extremadamente cruel destino, en el cual en cierto modo falla por pasar muy de puntillas, con poco más que una frase de Ian Malcolm al respecto. La de Zara por otra parte, pese a no dejar de ser un horror para los chavales en el momento, también es algo que pasa muy de puntillas a nivel dramático posteriormente, aún contando con la excusa de que Zach y Gray apenas la conocían. Esta escena parece más bien querer hacer hincapié en las metáforas y analogías en cuyo discurso sobre los excesos del mundo del espectáculo se apoya Jurassic World… y va tocando hablar de dichas metáforas.

¿Fotocopias, homenajes, disonancias, metáforas…?

Se suele decir que Jurassic World es una espectáculo hipervitaminado cínico e hipócrita que critica los espectáculos hipervitaminados. Y en parte tienen razón: en la realidad, Jurassic World es un blockbuster de acción y efectos especiales sacado adelante por una gran compañía tras el éxito y a la sombra de Jurassic Park, cuya genialidad para muchos se podría considerar como embotellar el rayo, en contraste con sus secuelas, que independientemente de su calidad, no dejan de ser sacacuartos a rebufo de la original. En la propia película, Jurassic World es un complejo turístico inmenso sacado adelante por una gran compañía tras el milagro que obró John Hammond en su Jurassic Park original, con la diferencia de que lo que en su día buscaba generar asombro ahora solo pretende generar beneficios.

Tanto en la realidad como en la ficción, la nueva atracción, la Indominus rex, es un monstruo de Frankenstein construido a base de una serie de elementos reconocibles por el público del parque y de la película, como los rasgos de tiranosaurio y raptor, y unos cuantos como el ADN de sepia que igual sirven para añadir discretamente una habilidad secreta al animal para su uso militar, como para encarecer los juguetes de la línea con un nuevo añadido electrónico a las mismas. Amén de que ninguna compañía puede vender sin permiso el merchandising de la I.rex, dado que es un dinosaurio patentado e idea de una corporación. Y aquí hablamos tanto de Universal como de Ingen. Más de lo mismo con el adiestramiento de los velociraptores: lo que incluso los propios criadores piensan que es un proyecto de atracción para el parque, realmente tiene como propósito muchas cosas que no tienen que ver con el entretenimiento.

Todo esto se extiende a los personajes y animales de la película. ¿Zach y Gray? Dos generaciones distintas de público, en principio poco dadas a llevarse bien entre sí, que acaban encontrando en Jurassic World algo que les une: primero se divierten juntos viendo a los animales del parque, y posteriormente estrechan lazos en medio de la adversidad. Incluso se refugian en las ruinas del viejo Jurassic Park huyendo de la Indominus, usando como protección un objeto de nostalgia contra los terrores modernos. ¿Claire, Owen y Lowery? Empleados descontentos de la compañía por distintas razones, que salvan el día a raíz de trabajar juntos y escuchar al público y no a las tablas de estadísticas: Claire escucha a Gray cuando, durante el clímax de la cinta, este le dice que “hacen falta más dientes”. Ella reacciona haciendo que Lowery libere a la vieja Tyrannosaurus del parque, mientras Owen y sus raptores entretienen a la Indominus. Finalmente, el monstruo corporativo es derrotado por tres de las atracciones más conceptualmente clásicas de Jurassic World: raptores, Tyrannosaurus y Mosasaurus, en una pelea durante la cual numerosos establecimientos y carteles de los espónsores del parque, culpables también de toda esta situación, acaban destrozados. La naturaleza, o los espectáculos clásicos según el nivel de metáfora al que queramos ceñirnos, acaba con el sistema que ha buscado controlarla todo el tiempo, literal y simbólicamente. Incluso Masrani y Hoskins representan en sus roles a los encargados de hacer negocio con el espectáculo, pecando de indulgencia y soberbia respectivamente, cosa que a ambos les pasa factura de la peor forma posible.

No quiero tirar del tan manido “tendrías que haberte leído la novela“, ya que nadie debería tener que consumir una obra en un determinado medio para entender mejor una posterior adaptación. Pero creo que sería necesario comentar, por aportar más contexto y apuntalar un poco mis argumentos, que la novela con la que Michael Crichton hizo nacer posteriormente esta franquicia, iba exactamente de esto. Si bien las formas son distintas, la idea es la misma: el ansia desmedida por llenar las arcas ofreciendo espectáculos más grandes y absurdos está abocada a la catástrofe. En cambio, cuando Spielberg adaptó Jurassic Park, la convirtió en una historia sobre una idea bienintencionada que acababa teniendo consecuencias desastrosas, pero en la novela original no hay nada así. Hay avaricia, complejo divino y negligencia corporativa, un caldo de cultivo para la catástrofe que está totalmente presente en Jurassic World. Un servidor no ve como algo negativo que una película que utiliza como vehículo el universo planteado en la primera película de Jurassic Park se dedique a criticar los excesos del espectáculo mediante el espectáculo excesivo, porque a fin de cuentas, ¿cómo sacas adelante un proyecto como Jurassic World si no es en forma de superproducción?

No es una cuestión de hipocresía o cinismo, es que la película iba a ser sí o sí un derroche de medios, efectos especiales, marcas desfilando en pantalla. Y el director Colin Trevorrow tomó la decisión, totalmente legítima y para un servidor acertada, de que su película, que inevitablemente iba a responder a una serie de necesidades y caprichos corporativos, tocara esos temas y usara esas metáforas, haciendo que la capitalización tanto del espectáculo como de la naturaleza sean una misma cosa dentro de la narrativa de la historia.

Un buen ejemplo de este contraste es la escena de Jurassic Park en la que los protagonistas encuentran a una Triceratops pachucha. En la novela resultaba tener estreñimiento crónico por culpa de los gastrolitos que ingiere para digerir la comida, pero en la película, que es lo que nos ocupa, eso es algo que simplemente queda en el aire. Es una escena tierna, en la que la interacción de personajes se mantiene al mismo buen nivel que durante el resto de la película, y en la que los efectos especiales del equipo de Stan Winston lucen maravillosos, hasta el punto de que hay catetos que creen que se usó un animal real para la escena. Expande la visita de los protagonistas mostrando su asombro, conexión y preocupación por los dinosaurios, empieza a mostrar algunas de las aleatoriedades del parque, y luce un prodigio técnico como es cualquier animatronic de Winston y compañía, amén de separar a Ellie del resto de protagonistas de cara al segundo acto de la película.

En Jurassic World hay una escena similar, que suele ser tachada de ser un mero copiapega de la que acabamos de comentar: la del dinosaurio agónico. Owen y Claire, siguiendo la pista de Zach y Gray, encuentran una enorme apatosaurus moribunda, que a poco que tengamos buena memoria nos recordará a la madre de Piecito en En Busca del Valle Encantado. El apacible gigante, mostrado minutos antes como objeto de asombro de dos personas tan diferentes como Zach y Gray, ha sido asesinado por la I.rex, por mero placer, por ver si simplemente puede hacerlo. Ante esto, Claire se siente en parte responsable, tras haber pasado tanto tiempo distanciada de los animales que tiene a cargo, cosa que posteriormente da pie a su cambio de actitud de cara a los dinosaurios. Y el hecho de que sea el único animal de la película para el que se creó un animatronic físico al que posteriormente no se añadieron retoques por ordenador, da mucho que pensar si tenemos en cuenta que ha sido asesinado por la I. rex, un monstruo corporativo hecho de sondeos demográficos y CGI. Tenemos una escena que contiene desarrollo de personajes y un subtexto acorde a lo que trata de contar la película, y más allá de que tanto en esta como en la de la triceratops haya un dinosaurio en malas condiciones, poco parecido real hay entre ambas.

No estaría de más mencionar que, en comparación con las otras secuelas de la saga, es Jurassic World la que aporta más cantidad de conceptos y escenas nunca vistas antes. No deja de fascinarme que sea tachada de repetitiva cuando ni en El Mundo Perdido: Jurassic Park ni en Jurassic Park III se mostraban escenas y conceptos como el adiestramiento de raptores, su cambio de rol dentro de la historia y una posterior carrera de estos (sorprende que tardaran cuatro películas en mostrarlos corriendo en una secuencia larga), un Parque Jurásico abierto al gran público y en funcionamiento tal y como quería John Hammond, diversidad de peleas entre dinosaurios, diálogos en los que por fin se señala abiertamente lo científicamente incorrectos que son estos… La segunda y tercera entrega de la saga, dejando aparte aquella secuencia con el Tyrannosaurus en San Diego, se limitaron a colocar gente en la jungla y hacerles huir de dinosaurios, elevando en lo posible lo enrevesado de las escenas de en los que estos estuvieran envueltos, pero poco más. Hasta resulta algo triste que sea más interesante la secuencia del aviario de Jurassic Park III que muchas de la segunda, siendo una película claramente inferior. De todos modos, igual es algo injusto querer que una saga de películas sobre las consecuencias de la desextinción de los dinosaurios vaya de algo que no sea gente cometiendo negligencias y huyendo de reptiles prehistóricos, pero haciendo balance, Jurassic World se divierte más con los elementos de los que dispone que sus dos predecesoras.

CONCLUSIÓN

Jurassic World está lejos de ser una gran película. Sobre la superficie es un espectáculo hollywoodiense formal, correcto sin más, divertido para cualquiera con quien haga click su enfoque autoparódico y autocrítico lleno de dejes de serie B y cine de catástrofes de los 70, con algunos problemas de ejecución y alguna subtrama de más. Sin embargo, le veo la suficiente riqueza metatextual, el suficiente valor a la hora de escoger e implantar sus metáforas en la trama, y la suficiente frescura en comparación con anteriores entregas de Jurassic Park, como para considerarla sobradamente defendible, aún jugando más en la liga de las secuelas que de la primera película. De nuevo y como también he dicho al principio de esta entrada, no espero haberos convencido, o al menos no en todo. Lo que sí espero es haberos hecho ver con mejores ojos alguno de los aspectos de esta cinta que no os hubieran gustado previamente o que os sacaran de ella. O que al menos, llegados a este punto, entendáis por qué pienso lo que pienso al respecto de la misma.

Y si habéis aguantado hasta aquí, no me queda más que agradecer vuestro interés y pediros que propongáis opciones para futuras entregas de esta sección en los comentarios del post, y despedirme hasta la próxima entrada. Puede que no resulten en artículos tan largos como este, pero igual os resultan igualmente esclarecedores.
O no.